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En Puerto Vallarta ya comenzó la carrera rumbo al próximo proceso electoral y, aunque todavía faltan definiciones formales, hay un tema que ya genera fracturas, tensiones, molestias y deslindes internos, la posible alianza entre el Partido Verde, Movimiento Ciudadano y el PAN en Jalisco.

Detrás de ese intento de construcción política aparece un nombre detrás de la coalición en Vallarta, Luis Munguía. Y justamente ahí comienza el principal problema del proyecto.

El alcalde vallartense entiende perfectamente una realidad que desde hace tiempo ya lo alcanzó en los círculos políticos, empresariales y sociales de Vallarta, una eventual reelección hoy luce extremadamente complicada. Sin rodeos, claro y directo, en el escenario actual, parece prácticamente imposible.

El desgaste de su gobierno, los escándalos, los señalamientos de corrupción, el desorden administrativo, las deudas y la crisis constante en los servicios públicos han acumulado un enorme costo político. Y la ciudadanía ya se lo hizo saber de muchas maneras, en encuestas, en redes sociales, en las calles, en protestas y hasta paralizando la ciudad.

Ante esa realidad, Munguía apostó prácticamente todo a construir una alianza política que no funcionaría como un proyecto de expansión, sino como un mecanismo de supervivencia electoral. Un intento de oxígeno artificial para un proyecto profundamente desgastado y moribundo.

Por eso, desde hace semanas Luis Munguía comenzó una intensa operación política y territorial para “amarrar” acuerdos con otras fuerzas y liderazgos. La apuesta era clara, aunque no sencilla, construir una estructura multipartidista capaz de compensar el desgaste propio y mantener su competitividad electoral.

Incluso comenzaron las señales visuales y narrativas muy a su estilo de confundir al electorado. Bardas, colores y símbolos institucionales mezclando verde, azul y naranja, incluyendo referencias gráficas muy similares al estilo de Movimiento Ciudadano y al “corazón” utilizado por Pablo Lemus en su última campaña.

Las mismas viejas estrategias de confusión política para intentar proyectar una alianza que, en los hechos, todavía no existía. Aparentar… ¿Les suena conocido?

Pero el cálculo no salió como esperaban.

En MC y en el PAN comenzaron a surgir señales claras y fuertes de resistencia. No necesariamente mediante confrontaciones públicas directas u frontales, pero sí a través de deslindes, mensajes internos y posicionamientos que evidencian algo muy simple, los liderazgos y estructuras no están dispuestos a cargar el costo político de asociarse con el actual gobierno municipal. Un sentimiento dominante entre todos los actores políticos de distintas expresiones en la región.

Porque para varios perfiles opositores (e incluso potenciales aliados) resulta mucho más rentable competir solos que terminar absorbidos por el desgaste político de la administración vallartense.

Y ahí aparece el verdadero foco rojo de la alianza… el problema ya no es únicamente electoral, sino de narrativa y percepción pública.

Una coalición encabezada por Luis Munguía corre el riesgo de convertirse en un salvavidas demasiado evidente para un gobierno que enfrenta un desgaste acelerado y una pérdida importante de capital político y social.

Otro elemento clave es la relación estatal con Pablo Lemus y el peso legislativo del Partido Verde en Jalisco.

Para el grupo político estatal, los votos verdes en el Congreso siguen siendo importantes para mantener gobernabilidad y control legislativo. Eso obliga a construir acuerdos amplios, incluso con actores incómodos.

Ahí es donde Luis Munguía habría intentado venderse como operador político capaz de entregar estructura, operación territorial y cohesión interna del Verde en Vallarta.

Pero existe un problema importante, Luis Munguía realmente no controla a muchos de los perfiles y liderazgos relevantes del Verde, particularmente a diputadas y diputados con autonomía política propia.

El caso más evidente es Yussara Canales, quien, como otros integrantes de la bancada, mantiene independencia política y no responde a los intereses del grupo vallartense de Luis Munguía; sino todo lo contrario.

De hecho, con la debida cautela, podría decirse que actualmente Yussara Canales parece contar con un respaldo creciente dentro del Partido Verde, tanto en el ámbito estatal como nacional, incluso mayor que el del propio Luis Munguía. Ojo, decimos con mucho énfasis “creciente” (en maduración), contra uno que esta bajando dramáticamente.

Y, en consecuencia, también podría tener mayores posibilidades de recibir apoyo para eventualmente encabezar el proyecto del Verde en Vallarta, desplazando al actual presidente municipal.

Esa falta de control de Luis Munguía debilitó significativamente su discurso de negociación y redujo su margen de maniobra frente a otras fuerzas políticas, durante la evaluación.

“No necesitamos bules pa’ nadar”, soltó Juanito Calderón, dejando claro que el PAN vallartense se siente mucho más cómodo con su propio proyecto, compitiendo solo que cargando con el desgaste del actual gobierno municipal. Y muy bien respaldado por su liderazgo estatal.

En MC Vallarta el mensaje es igual de contundente, aunque muchas veces sin necesidad de palabras, “Con Luis, ni a la esquina”.

Y ese rechazo no es casualidad.

Luis Munguía ha traicionado y roto relaciones políticas prácticamente con todos los grupos y liderazgos con los que ha construido alianzas a lo largo de su carrera. Lo hizo siendo candidato, regidor, diputado, nuevamente diputado, de nuevo regidor, y ahora como presidente municipal.

Por eso, dentro de muchos grupos políticos existe una certeza compartida (y sin ponerse de acuerdo), si una alianza llegara a concretarse, solo tendría posibilidades de éxito sin Luis Munguía encabezándola.

Y eso es precisamente algo que el actual alcalde jamás estaría dispuesto a permitir, ya que el, para eso esta buscando la alianza. Solo para eso y nada más. Y todos entienden que permitir que Munguía encabece un proyecto así podría convertirlo rápidamente en un lastre político para los demás participantes.

Al final, a Luis Munguía le esta ocurriendo exactamente lo mismo que en la elección pasada, la llamada “Mega Alianza” se concretó prácticamente en todo Jalisco… menos en Puerto Vallarta. Porque ningún grupo político importante quiso entonces asociarse con él.

Y hoy el escenario parece repetirse.

El rechazo dentro del PAN y de MC en Vallarta ha sido amplio, transversal y prácticamente unánime. Perfiles tradicionales, grupos nuevos, liderazgos históricos y operadores regionales coinciden en algo muy simple… no quieren cargar con el costo político del actual gobierno municipal.

Ante ese escenario, en el ámbito estatal ya comienza a analizarse otro plan, dejar que el Verde compita solo en Vallarta e intentar dividir el voto de Morena. Esa podría terminar siendo la verdadera apuesta del MC en Vallarta.

Hoy la alianza todavía no puede darse completamente por muerta en el resto del estado. En política (y especialmente en Jalisco) las negociaciones cambian rápido y los intereses suelen imponerse sobre los discursos.

Pero en Vallarta, al menos por ahora, el mensaje es muy claro, el problema de la alianza nunca fueron los partidos… fue quién quería encabezarla. #EspacioPV#Elecciones2027

Por admin

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