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En la más reciente sesión de Cabildo en Puerto Vallarta, la regidora Melissa Madero lanzó una fuerte crítica contra la manera en que el Ayuntamiento ha manejado el presupuesto de egresos 2026. Se trata del mismo documento que la edil votó en contra en diciembre, al advertir irregularidades y deficiencias en su planeación y aprobación.

“Se sube, se baja, se sube, se baja y otra vez las mismas partidas”, señaló. En apenas los primeros meses del año, el presupuesto ya acumula casi tres modificaciones. Para la regidora Madero, esto no es un simple ajuste, es improvisación.

La acusación es grave porque toca el núcleo de la administración pública, la planeación. Si el presupuesto es el instrumento rector del gasto, modificarlo de manera constante revela una de dos cosas (como ella misma lo planteó), o no existe un plan de gobierno bien definido, o no hay claridad sobre cómo ejecutar el dinero público.

El ejemplo más contundente fue el de bienestar animal. Desde diciembre se aprobaron 11 mil pesos para alimentar durante todo un año a los animales que llegan al centro de acopio. “Era imposible”, dijo. Y tenía razón.

No se trata de un error menor ni de una partida secundaria. Es una cifra que, por sí sola, exhibe la falta de realismo técnico en la elaboración del presupuesto. Si algo tan básico superó el filtro de revisión, discusión y votación, ¿qué garantías existen sobre el resto de los rubros?

La respuesta de algunos regidores fue defender el procedimiento: que sí hubo reunión previa, que se explicó “de pe a pa” y que nadie votó a ciegas. Sin embargo, esa defensa resulta autoincriminatoria. Si lo revisaron y aun así lo aprobaron mal, la responsabilidad no desaparece, se agrava.

Otro punto neurálgico fue el de los recursos para desazolve y mantenimiento preventivo ante la temporada de lluvias. En una ciudad costera como Puerto Vallarta, donde cada año las precipitaciones ponen a prueba la infraestructura urbana, argumentar “ajustes necesarios” resulta insuficiente.

Las lluvias no son una eventualidad extraordinaria ni un fenómeno imprevisible. Son un ciclo anual. Si el presupuesto no contempla de manera adecuada algo que ocurre todos los años, el problema no es el clima, sino la falta de planeación.

Ante estos argumentos, la regidora Madero reiteró que las modificaciones son comprensibles cuando surgen contingencias reales, pero no cuando se trata de gastos previamente previstos.

Desde el bloque oficialista, junto al presidente municipal, se argumentó que es más responsable regresar al pleno para ajustar partidas que licitar sin techo presupuestal. El razonamiento puede parecer válido en abstracto, pero evade la cuestión central, ¿por qué es necesario corregir lo que debió proyectarse correctamente desde el inicio?

También se mencionó el reciente cambio de tesorero como explicación de los ajustes. No obstante, la sustitución de un funcionario no puede convertirse en coartada permanente. La responsabilidad institucional recae en el Ayuntamiento en su conjunto.

Madero fue más allá y señaló un aspecto aún más delicado, la ligereza en las votaciones. Recordó que incluso tuvo que solicitar el presupuesto impreso para revisarlo. “No podemos estar improvisando y no podemos estar cambiando el presupuesto una y otra vez a ver cuándo sale”, advirtió.

La frase resume completamente el problema, no se trata de ajustes técnicos, sino de una percepción creciente de ensayo y error con recursos públicos.

¿Habrá una cuarta adecuación? La pregunta quedó en el aire. La respuesta fue ambigua, “las necesarias”.

Pero en finanzas públicas, “las necesarias” no puede ser sinónimo de indefinidas. Cada modificación debilita la narrativa de que existe un rumbo claro para lo que resta del año. Cada corrección alimenta la sospecha de que el presupuesto fue aprobado con premura o con cálculos poco rigurosos.

La crítica de Melissa Madero fue administrativa, operativa y técnica. La defensa del Cabildo, en contraste, se ha limitado a la explicación de “procesos” (que debieron ser revisados) y la justificación política (que no justifica).

Si el presupuesto es el reflejo de las prioridades de una ciudad, lo que hoy refleja es desorden. Y cuando el desorden se normaliza, el costo lo termina pagando la ciudadanía.

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