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En cualquier ciudad, un Atlas de Riesgo es una herramienta fundamental para proteger vidas. En Puerto Vallarta, en cambio, parece haberse convertido en un lujo administrativo que siempre está “a punto”, “en proceso” o “prácticamente por cerrarse”, mientras la ciudad sigue creciendo entre inundaciones, improvisación y vulnerabilidad.

Durante la última reunión del Consejo Técnico Municipal de Protección Civil para la Temporada de Lluvias y Ciclones Tropicales 2026, se dio a conocer un dato alarmante, Puerto Vallarta sigue sin contar con un Atlas de Riesgo, una herramienta básica para proteger la vida de ciudadanos y visitantes, especialmente durante temporadas de lluvias y huracanes.

Y lo peor es que ni siquiera existe claridad sobre cuándo podría estar lista esta información indispensable, pese a que la actual administración ya lleva año y medio en el poder.

Las recientes declaraciones de la Dirección de Protección Civil y Bomberos de Puerto Vallarta no tranquilizan absolutamente a nadie. Al contrario. Exhiben algo todavía más grave, el gobierno municipal ha normalizado operar una ciudad turística internacional sin contar con una herramienta integral y actualizada para identificar riesgos, prevenir tragedias y ordenar el crecimiento urbano.

Y eso, en cualquier lugar responsable del mundo, sería un escándalo. Porque mientras los funcionarios hablan de “temas administrativos”, Puerto Vallarta enfrenta cada año calles colapsadas por las lluvias, colonias inundadas, drenajes insuficientes, asentamientos en zonas vulnerables, expansión urbana descontrolada, laderas en riesgo, canales saturados y miles de familias viviendo literalmente expuestas al desastre.

Pero lo más alarmante no es solo la ausencia del Atlas. Lo verdaderamente peligroso es la ligereza con la que se aborda el tema. “Ya casi”, “ya estamos avanzados”, “esperamos” o “más o menos seis meses”, sin ofrecer absolutamente nada claro ni certeza alguna en un asunto tan delicado. Y aquí estamos hablando de vidas humanas.

Así no se habla de protección civil ni de prevención. Así se habla de trámites burocráticos menores, no de una herramienta capaz de definir rutas de evacuación, zonas inhabitables, riesgos hidrológicos o áreas donde una tragedia puede costar vidas humanas.

La declaración también deja ver algo todavía más delicado, ni siquiera existe claridad sobre la empresa encargada del proyecto. La propia dependencia reconoce que “la empresa que venga” deberá cumplir ciertos lineamientos; es decir, todavía no está completamente definido quién realizará el trabajo. Pero aun así, hablan de avances considerables.

¿Avances de qué exactamente? Porque una ciudad no puede presumir avances en gestión de riesgos cuando sigue gobernando prácticamente a ciegas.

Y ahí está el verdadero problema de fondo. Puerto Vallarta ha crecido durante años sin planeación suficiente y ahora pretende resolver un vacío técnico monumental con discursos improvisados y declaraciones ambiguas.

Mientras tanto, se siguen autorizando desarrollos, la mancha urbana continúa expandiéndose, aumentan las zonas vulnerables, crece la presión inmobiliaria y el cambio climático intensifica lluvias, escurrimientos e inundaciones.

Pero la ciudad sigue sin una radiografía moderna y oficial de sus riesgos reales. Eso no es un detalle técnico. Es una irresponsabilidad institucional.

Porque cuando llegue una emergencia mayor (y tarde o temprano, desgraciadamente llegará) nadie va a recordar si “el tema administrativo estaba por cerrarse”. Lo que quedará será la pregunta inevitable, ¿cómo permitieron que una ciudad como Puerto Vallarta operara durante años sin un Atlas de Riesgo actualizado?

Lo más preocupante es que el discurso oficial intenta presentar esta omisión histórica como si fuera algo normal. Como si fuera aceptable que una ciudad con cientos de miles de habitantes y millones de turistas al año todavía siga “trabajando el tema”.

No lo es. Un gobierno responsable no espera a que ocurra una tragedia para entender la importancia de la prevención.

Porque la protección civil no sirve para reaccionar después del desastre. Sirve para evitarlo antes. Y hoy, Puerto Vallarta sigue navegando entre lluvias, crecimiento desordenado y vulnerabilidad… sin un mapa real del peligro, ni la prevención adecuada.

Por admin

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