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Los cambios de presidencia honorífica no han sido hasta hoy un “nuevo comienzo”; solo la continuidad de un modelo basado en lealtades, silencios y control de la narrativa, mientras los problemas reales se acumulan sin solución.

Cada toma de protesta ha sido un acto de autocelebración del poder. Aplausos, elogios y discursos huecos sustituyeron lo que realmente se necesitaba: una explicación pública de los escándalos que han envuelto al DIF durante esta administración y de las polémicas que han acompañado a sus “presidentas” o directoras en su paso por el gobierno municipal. Nada de eso ocurrió, porque el silencio fue la estrategia.

Hablar de “visión”, “sensibilidad” y “cercanía con la gente” resulta ofensivo cuando la institución enfrenta señalamientos reiterados de opacidad, desorden interno y decisiones cuestionables, más aún cuando el cargo es honorífico, es decir, sin responsabilidades claras ni consecuencias políticas reales. En el DIF Vallarta se administra la imagen, no la solución de los problemas.

El el DIF Vallarta no se rinden cuentas ni se aclaran los cuestionamientos que la rodean; solo se agradece al presidente municipal y se repiten consignas convenientes como “este es el año de las mujeres”, reduciendo una crisis estructural de asistencia social a un lema publicitario. Otra vez no hay autocrítica, no hay compromisos verificables, no existe un solo dato duro verdaderamente relevante.

El patronato y la dirección del DIF históricamente han optado por la obediencia institucional. No presentan diagnósticos, balances ni explicaciones claras o satisfactorias sobre el uso de recursos públicos. En una ciudad con pobreza creciente, violencia familiar persistente y adultos mayores en situación de abandono, el DIF eligió nuevamente el aplauso fácil y la foto oficial.

Así, el Gobierno de Puerto Vallarta volvió a hacer lo que mejor le sale: hablar de una “nueva etapa” y de un supuesto “renacer”, sin explicar cómo se corregirá el desastre heredado por su propia administración.

De nueva cuenta, no se anunciaron auditorías, no se prometió transparencia ni se asumieron responsabilidades. Solo propaganda.

Este tipo de nombramiento no es un hecho aislado; es una operación más de maquillaje político. Se cambia el rostro para que nada cambie. Se refuerza el control interno para evitar preguntas incómodas. Se protege a los cercanos al poder mientras se abandona la función social que debería ser prioritaria.

El DIF Vallarta hoy no está en crisis por falta de discursos, sino por exceso de simulación.

Y mientras la administración municipal siga confundiendo la asistencia social con la imagen pública y la propaganda política, las personas más vulnerables de nuestra ciudad, seguirán pagando el costo de un gobierno más preocupado por el aplauso que por la rendición de cuentas.

Por admin

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